Cuentos
   
 
 

 

Si aprendiéramos a escuchar...

De la enseñanza se puede hacer un buen o un mal uso. Todo depende de varios factores...

En una ciudad a la que se llamaba, precisamente, la ciudad de los locos, había ido a parar un derviche, que solía salir a caminar por las montañas. un día de esos vio a una mujer que llevaba a la espalda una pesada puerta.

-¿Por qué vas tan cargada? - preguntó.

-POrque esta mañana, al salir a trabajar, mi marido me ha dicho: "Hay objetos de valor en casa: Que nadie pase por esta puerta". Y por eso, al salir, me he llevado la puerta conmigo. Para que nadie pueda pasar por ella.

-¿Quieres -le propuso el derviche- que te diga una cosa para que no tengas que cargar con esa puerta?

-No -contestó ella-. Lo único que podría ayudarme es saber cómo hacer esta puerta monos pesada.

-Eso no puedo decírtelo -contestó el derviche. Y se separaron.

 

 

Y si miramos para el lado correcto?

Este cuento de la tradición sufí nos habla de cómo nuestra mirada que siempre se dirige al mismo sitio por causa de nuestra incapacidad para romper los esquemas, no nos permite romper con la lógica.

Se cuenta que había una estatua de un Rey, cuyo dedo índice estaba en posición de señalar. LLevaba la inscripción: "Para obtener un tesoro golpea en este sitio."

Su origen era desconocido, pero muchas generaciones de personas de aquella ciudad habían golpeado con todo tipo de instrumentos, en el lugar señalado. Esos golpes, sin embargo, dejaron pocas huellas en la dura piedra, aunque sí fueron mellando la confianza de la población en sus posibilidades de poder obtener la riqueza prometida por la inscripción.

Algunos empezaron a considerar la estatua como una broma de mal gusto, pensada por algún antepasado que quería demostrar algo que nadie lograba entender.

Esta idea de que el pueblo, en sus deliberaciones en conjunto, suelen desconfiar de los antepasados, de los sabios, porque se siente inferior a ellos, es una figura que se repite en muchos de los cuentos sufíes. Lo que intentan demostrar los sufíes es que, a veces, lo que conocemos como sentido común, puede en realidad encubrir formas de pensamiento anquilosadas.

Así como algunos empezaron a mirar a la estatua con notable desconfianza, para otros la frustración era tan grande y profunda que incluso pidieron al alcalde de la ciudad que enterrase cuanto antes el monumento para no tener que verse enfrentados cada día a su propia impotencia.

Un día, un artista de un pueblo vecino, un hombre que disfrutaba contemplando la belleza de las formas de todo lo creado, llegó a la ciudad y se quedó conmovido por la belleza de la estatua.

El hombre estuvo observando desde todas las perspectivas posibles el estilo, las formas, los materiales, el color, y hasta el sonido que producía el viento al rozar aquella obra de arte. Y gracias a la amplitud y profundidad de su mirada le fue posible observar que exactamente al mediodía la sombra del dedo que señalaba, ignorada por siglos, trazaba una línea en el pavimento al pie de la estatua.

Siempre es necesaria una calidad de la mirada para ser capaces de encontrar tesoros. Mirar sin observar y, sobre todo, sin abrir el corazón, es casi lo mismo que tener los ojos vendados.

Los sufíes cuentan que este hombre, después de observar con detenimiento, marcó el sitio que señalaba la estatua, obtuvo los instrumentos necesarios, y con una barra hizo saltar la loza.

Para sorpresa de todos la loza resultó ser una compuerta en el techo de una caverna subterránea. En ella había extraños objetos, de una hechura tal que le permitieron deducir la ciencia de su manufactura, hacía mucho tiempo perdida, y en consecuencia, pudo acceder al tesoro que la inscripción prometía.

Este cuento encierra una enseñanza muy interesante porque la mayoría de las personas perdemos mucho tiempo buscando la belleza, y la felicidad que nos depara su contemplación, en algún lugar remoto, mientras que si supiéramos mirar bien la encontraríamos muy cerca de nosotros. Y no se trata de análisis concienzudos, sino de saber "ver" lo que tenemos frente a nuestros ojos. Este cuento sufí nos lleva a preguntarnos aspectos tan interesantes como lo siguiente:

1.-¿Qué posibilidades de acción tenemos desde nuestra posición de observador de la realidad?

2.-¿Desde qué puntos de vista lo estamos contemplando realmente?

3.-¿Cuáles son las creencias en las que estamos basando nuestras interpretaciones de los hechos?

 

Del libro Cuentos Sufis - La filosofía de los simple

Omar Kurdi y Pedro Palao Pons

 

 

 

 

Sendas diferentes

- Tú eres un gran místico -le dijo uno de sus pupilos a Nasrudín-, y sin duda sabrás por qué los hombres siguen sendas diferentes a lo largo de su vida, en vez de seguir todos una única senda.
  - Sencillo -contestó el maestro-. Si todo el mundo siguiera la misma senda, todos acabaríamos en el mismo lugar; el mundo, perdido el equilibrio, se inclinaría, y todos nos caeríamos al océano.

 

 

 

 

De Idries Shah

Escritor, investigador y pedagogo del sufismo;

recopilador de relatos del Mulá Nasrudín.

 

 
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